La pesadilla del kirchnerismo
"Aníbal está en problemas." No es un dictamen de
estas horas. Se remonta a agosto de 2008. Dos dirigentes peronistas, por
entonces senadores, se lo escucharon a Néstor Kirchner, en el momento en que
recibió la noticia de que Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, los
dueños de droguerías que traficaban con efedrina, habían desaparecido en la
zona de Quilmes. Kirchner estaba en las oficinas que le alquilaba a Cristóbal
López en Puerto Madero.
Estaba débil. Tres semanas atrás, Julio Cobos había volteado
la ley de retenciones.
Aníbal Fernández sigue estando en problemas. Pero ya no está
solo. La captura de Martín y Cristian Lanatta y de Víctor Schillaci corre el
velo sobre una trama político-criminal que prosperó bajo el kirchnerismo. La
retirada del poder deja al descubierto un sistema de complicidades cuyo
completo esclarecimiento depende de dos movimientos institucionales. El
primero, que la investigación de la fuga de ese trío pase de la justicia
bonaerense a los tribunales federales. El segundo, que se legisle sobre la
figura del arrepentido.

