Punteros políticos incitaron a la gente a pedir alimentos.
Cuando llegaban a los comercios, grupos de personas que cobraron hasta $100 por
esa tarea rompían las persianas. Muchos objetivos se conocían desde un día
antes.
Los saqueos de diciembre pasado estuvieron armados. No
todos. Pero sí aquellos que condujeron a otros saqueos espontáneos y abrieron
el último capítulo de la caída del gobierno de De la Rua, tambaleante ya por su
propia ineficiencia, debilidad y ausencia de poder.
