La década Korrupta
Pese a los numerosos escándalos de corrupción que involucran a
los más altos funcionarios del gobierno K, todos permanecen libres.
Cristina, Boudou y los casos más emblemáticos. La red de complicidades y
la impunidad
Todos libres. Ya no puede pensarse que la impunidad es aleatoria, una
decantación natural del sistema político nacional. No. Es el resultado
de un complejo entramado de complicidades que garantiza la protección de
quienes detentan el poder.
A la cabeza de dicha red, tejiendo acuerdos, alianzas, negocios y
negociados está Cristina Kirchner; y justo por debajo se encuentra quien
se convirtió en el símbolo de la corrupción kirchnerista, Amado Boudou.
La telaraña de irregularidades ensucia la función pública con nombres
como el recaudador Ricardo Echegaray o el ministro Julio de Vido, que
aún hoy siguen haciendo de las suyas a costas y costos del Estado. El
sector privado, con empresarios como Lázaro Báez o Cristóbal López,
también se hizo la fiesta en esta década kirchnerista.
Por su parte, exfuncionarios como Felisa Miceli o Ricardo Jaime se
sirven de sus vínculos para escapar de la Justicia y, sobre todo, de la
cárcel. Porque la red de protección K es eso: una verdadera mafia
enquistada en el poder cuyo único fin es que todos, absolutamente todos
los funcionarios kirchneristas y sus secuaces, de la primera hora o del
fin de ciclo, permanezcan libres.
El caso emblemático
En medio de tanta oscuridad, las luces apuntan actualmente al
vicepresidente Amado Boudou. Ayer, al darse a conocer una carta donde se
evidencian vínculos con el fallecido director de la empresa Ciccone
(ver página 4), se animó a decir que “el acta es a todas luces trucha” y
remató: “están jorobando con un muerto”. Sin embargo, es él quien actúa
como un ancla, como un peso muerto para el gobierno, que cae,
lentamente, en la más profunda crisis.
En este sentido, el diputado nacional Manuel Garrido, que con sus
denuncias ha incomodado a la gestión de los Kirchner, recalcó que
“Boudou está realmente complicado por la abundancia de pruebas en su
contra”, aunque señaló a Hoy que “no es el único de los funcionarios
kirchneristas” que es beneficiado con las dilaciones de la Justicia. En
ese sentido, afirmó que “se han realizado innumerables presentaciones
por irregularidades en distintas aéreas del gobierno, pero por alguna
razón, es muy difícil que prosperen”, quedando, generalmente, relegadas a
algún rincón de los juzgados nacionales, entre ratas y olor a humedad.
En el listado al que refiere Garrido podemos encontrar a empresarios,
sindicalistas, funcionarios y exfuncionarios. Todos le han costado
fortunas al Estado, a nosotros, los contribuyentes, y por eso, el
dirigente radical comentó que “el año pasado presentamos un proyecto
para recuperar el dinero perdido por los actos de corrupción”. Como la
mayoría parlamentaria es propiedad, todavía, de los legisladores K, la
idea no ha prosperado. Por esa misma mayoría, por esa impunidad de tener
a sus amigos en lugares claves de los tres poderes del Estado, es que
están todos libres. Todos.
Randazzo y el prófugo K
Hasta Ricardo Jaime está libre. Sí, Jaime, cuya nefasta gestión al
frente de la secretaría de Transporte, entre 2003 y 2009, decantó en la
tragedia de Once. 52 trabajadores murieron a manos de la corrupción,
mientras él disfruta en libertad de los dólares amasados gracias a la
función pública.
Con un sueldo de poco más de diez mil pesos (antes de presentar su
renuncia), llegó a vivir en avenida Libertador, la zona más rica de la
Ciudad de Buenos Aires. Además, su patrimonio incluyó una casa de fin de
semana en el country de San Isidro, un avión personal, un hotel, autos,
motos y hasta un yate de lujo, cuyo valor supera el millón de dólares.
Tanto trabajo tenía Jaime cobrando las coimas a quienes tenía que
controlar, que también adquirió una casa de fin de semana en su Córdoba
natal.
Actualmente, tiene más de 20 expedientes abiertos en la Justicia
Federal, pero sigue libre. La única vez que pudo quedar detenido, se
mantuvo prófugo durante una semana, en julio de 2013, y no se entregó
pese a tener pedido de captura internacional de Interpol. Sólo apareció
cuando la Justicia aceptó una apelación y prometió no preparar su celda.
Desde el Gobierno, en ese entonces, hicieron silencio.
Como lo hace ahora Florencio Randazzo, nuevo titular de la secretaría
de Transporte, quien ve en el dolor de los familiares de la tragedia de
Once “un trasfondo político”, y se niega a escuchar sus reclamos.
Condiciona la ayuda para heridos y víctimas a una reunión, o al silencio
y la división del grupo, tal como lo denunciaron padres, hermanos y
amigos al cumplirse dos años de la fatídica fecha.
Con la soberbia de su sonrisa omnipresente, el funcionario presentó
ayer el tren comprado a China para la línea Sarmiento, una décima parte
de sus promesas, aún incumplidas. Nos vendió espejitos de colores y
trenes chinos, revoluciones ferroviarias y nuevas reprivatizaciones, a
los mismos de siempre, a los amigos de antes. Los negociados continúan
bajo el paraguas de los subsidios, que le permiten manejar una inmensa
caja de recursos. Pero para las víctimas, nada. Ni asistencia médica, ni
psicológica. Ni trabajo, ni pensión. Nada, porque se atreven a
cuestionarlo.
Cerca, pero lejos
El caso de la exministra de Economía Felisa Miceli es paradigmático.
Condenada por “administración fraudulenta” a cuatro años de cárcel y
ocho años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, la economista
que acompañó a Néstor Kirchner hasta 2007 continúa en libertad, gracias a
artilugios y vericuetos legales. La bolsa con dinero encontrada en la
habitación adyacente a su despacho no fue suficiente para llevarla tras
las rejas. Por mucho menos, ladrones de gallina son condenados al
calabozo, a los azotes policiales, a la vida austera de la celda y la
prisión. Pero no, Melisa, la exministra, la economista de la “década
ganada”, siempre tiene un recurso más para evadir a la Justicia.
El patrimonio
Para Cristina Kirchner, esta sí fue una década ganada. La Presidenta
declaró, a fines de 2013, un patrimonio de 48 millones de dólares, el
cual aumentó, sólo el último año, un 20%. En 2003, cuando Néstor
Kirchner asumió la presidencia, tenía “apenas” 7 millones, producto de
la también fructífera “función pública” de Santa Cruz.
Una sola cosa por agregar y repetir. Todos, absolutamente todos los
funcionarios y empresarios kirchneristas, están libres. Tenga cuidado,
caminan entre nosotros.
Fuente : http://diariohoy.net/politica/la-decada-korrupta-22445