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martes, 8 de octubre de 2013

El deterioro político detrás de la enfermedad



El deterioro político detrás de la enfermedad

La enfermedad de Cristina Fernández que, de nuevo, sacude a la Argentina constituye, al mismo tiempo, un enorme telón que oculta la actualidad de la escena nacional. Esa escena exhibe, entre muchos, un rasgo distintivo: el acelerado deterioro político presidencial que sucedió a aquella apabullante victoria con el 54% de los votos, que consagró su reelección hace apenas dos años.

Ese deterioro sobresaldría en todos los planos. En el interno, la Presidenta se asoma a una nueva derrota electoral, según lo presagian todas las encuestas para el domingo 27. No sería todo. Se advierte también una descomposición progresiva en sus sistemas de poder. La motorizan las intrigas palaciegas derivadas de los fracasos en la gestión y el desencanto de una buena porción del peronismo que, hasta ahora, acompañó la experiencia de los Kirchner en esta década. El frente externo sería también reflejo de los malos tiempos.

Se acumulan conflictos sin solución (con España por Repsol, con Washington por los fondos buitre, con Brasil por motivos del comercio, con Uruguay por la pastera en Fray Bentos) y Cristina aparece aislada. Basta para comprenderlo con consignar un dato: estuvo poco más de dos días en la reciente Asamblea de la ONU en Nueva York y tuvo agenda libre con holgura. Pronunció su discurso y selló sólo dos encuentros bilaterales: con Dilma Rousseff (vecina, a quien puede ver cuando desea) y con el colombiano Luis Alberto Moreno, titular del BID.

La enfermedad de Cristina, según los especialistas, sería producto de una patología vieja. Aunque desnudaría también, a la par, muchos desarreglos de su poder. Uno de ellos tendría ligazón, precisamente, con cierto desdén de los Kirchner con sus problemas de salud. Le ocurrió al ex presidente, que recibió repetidos alertas de su cuerpo antes del desenlace fatal.

Le viene sucediendo a Cristina quien, en ese aspecto, pareciera estar bastante más atenta. Pero, en ambos casos, persiste la sospecha de una manipulación política frente a la irrupción de cada trastorno.

El cuadro cerebro vascular que evidenció Cristina el sábado último registra antecedentes. No del todo claros, al menos, en la forma de ser comunicados. El primer episodio ocurrió en junio del 2011 cuando sufrió una caída durante la visita al Instituto Luis Federico Leloir. Fue atendida en el sanatorio Otamendi por Armando Basso. El reconocido neurólogo señaló que no existían secuelas cerebrales por aquel golpe. Pero, en cambio, habría marcado una anomalía en la zona frontal izquierda. De esa cuestión los médicos presidenciales, Luis Buonomo y Marcelo Ballesteros, nunca se hicieron cargo. Cristina soportó otro golpe en la cabeza –jamás se aclaró en qué circunstancias, aunque tal vez fue durante su práctica de rollers en Olivos– el día después de la derrota en las primarias de agosto. Basso se estaba yendo por entonces de viaje al exterior. Debió aplazarlo para ocuparse de nuevo de la salud presidencial. Realizó el mismo diagnóstico de 2011. Hicieron falta la arritmia y las cefaleas de Cristina para una nueva consulta de urgencia, esta vez a cargo del prestigioso doctor Facundo Manes, de la Fundación Favaloro. Pasó, tras varias horas de rumores y hermetismo, lo que se sabe: el reposo repentino y estricto de la Presidenta por un mes. Se sabe mucho menos, en cambio, sobre las características y posibles consecuencias de su delicada dolencia.
La Presidenta no pareció dispuesta a mensurar debidamente ninguna de esas cosas cuando se abocó al ejercicio del poder, en especial en su segundo mandato. Empezó por construir una línea de sucesión presidencial que, con la realidad a la vista, demostraría el grado de indigencia institucional en que se encuentra sumida la Argentina. Amado Boudou no ha sido sólo un grueso error político presidencial. Es un funcionario que está además a tiro de procesamiento de parte del juez Ariel Lijo, en dos causas: enriquecimiento ilícito y el escándalo Ciccone. Esos malos pasos le hicieron perder la frágil inicial confianza cristinista. A tal punto, que el secretario Legal, Carlos Zannini, alternó el clásico de ayer entre River-Boca con el análisis de formas para limitar el poder del vicepresidente, para el caso de que se haga efectiva la licencia de Cristina y deba reemplazarla. No habría camino para que ese artilugio no sea inconstitucional.
Boudou fue marginado hace tiempo por la propia Cristina, su autora, de cualquier tarea política significativa. Expresamente incluso, en especial por pedido de Martín Insaurralde, se borró de la campaña. Archivó la guitarra y emprendió cuanto viaje pasó por su escritorio. Volvió de apuro de Brasil convocado por la crisis de salud de la Presidenta. Algunos dicen que estaba en ese país organizando comisiones bilaterales de trabajo. Otros, que desde Brasilia planeaba ir a Cannes para promocionar el cine argentino, ladeado por la titular del INCAA y candidata a diputada porteña, Liliana Mazure.

Los padecimientos de la maquinaria de poder cristinista no concluirían, sin embargo, con Boudou. Detrás del vicepresidente, en la línea de la sucesión, está la senadora Beatriz Rojkés, la esposa del gobernador tucumano, José Alperovich. Ocupa el segundo escalón en el Senado.

Hasta allí trepó sólo por su amistad y solidaridad con Cristina. Se trata de una mujer distante del sistema peronista. Y de todos los sistemas. ¿Alguien podría imaginarse gobernando a Boudou la transición?. ¿Alguien podría pensar que Rojkés lo haría sin hesitaciones? Esa manera de entender el diseño del poder de parte de la Presidenta escondería también un trastorno. No patológico. Sí político e institucional.

El caso de Julián Domínguez, el titular de la Cámara de Diputados, sería distinto. Podrá o no compartirse con él siquiera la hora, pero sería difícil escamotearle su recorrido político y partidario. Claro que, como parte de una hipótesis que nadie en su sano juicio querría ver consumada, Domínguez formaría parte de la línea sucesoria sólo para convocar al plenario del Congreso que debería designar al presunto reemplazante de Cristina. Fue lo que hizo Eduardo Camaño en la crisis del 2001 que terminó coronando a Eduardo Duhalde (entonces senador) como presidente de una emergencia.

Sería en este punto donde podría comenzar a tallar, tal vez, la figura de Daniel Scioli. Como nunca en los últimos años la Presidenta y el gobernador se retribuyeron elogios. “Nunca le perdí confianza”, dijo Cristina en su último reportaje programado por TV, antes del reposo obligado. “Hay que cuidar la salud de la Presidenta”, aconsejó el mandatario.

Scioli se “cristinizó” hasta un extremo impensado en los últimos meses. Se cargó la campaña y a Insaurralde sobre sus espaldas. Esa labor se tornará más ostensible ahora que Cristina desaparece de la campaña.
El viraje de Scioli llamó la atención, sobre todo, porque estuvo en junio a horas de cerrar un acuerdo con Sergio Massa, el candidato del Frente Renovador, ganador de las primarias y favorito para el domingo 27 en la provincia de Buenos Aires. Después de ese incordio, el gobernador convocó en varias oportunidades a defender la institucionalidad votando a los postulantes del Frente para la Victoria. Siempre se tomaron sus palabras como un eslogan porque nadie avizoraba seriamente ninguna tempestad.

En privado, Scioli fue varias veces más lejos. Explicó que su pacto con el intendente de Tigre era imposible porque si sobrevenía una crisis en el Gobierno nacional luego de la derrota, estaría forzado a convertirse en garante de la estabilidad. Y que no podía hacerlo desde la vereda opositora. Fue otra vez literal cuando hace sólo diez días explayó esos mismos argumentos delante de dos importantes empresarios. Los hombres de negocios quedaron entre confundidos y perplejos.

¿Sabía Scioli, acaso, algo sobre la salud de Cristina? ¿O intuía simplemente la posibilidad de un desbande oficialista después de la derrota? ¿Conversó algo de eso, o todo, con la Presidenta? Serían esos, en este tiempo de gigantesca incertidumbre política, los secretos más valiosos guardados por el gobernador.
Fuente:http://web.clarin.com/politica/deterioro-politico-detras-enfermedad_0_1006699398.html

viernes, 6 de septiembre de 2013

Los gestos de las mentiras de Fernández de Kirchner

 
Los gestos de las mentiras de Fernández de Kirchner

Cristina, revelada por sus gestos

El especialista en comunicación no verbal Sergio Rulicki analizó la gestualidad de la Presidenta en su libro “Las caras de la mentira (y de la verdad)”. Su análisis de la mímica de CFK.

Levanta el dedo índice con firmeza. Se acomoda el pelo con las uñas esculpidas, que a veces utiliza como “garras”. Acompaña sus palabras con una cadencia especial, casi didáctica, dibujando círculos con sus manos. Irrumpe interponiendo su palma frente a su humanidad, como diciendo basta. En cada uno de sus discursos la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner pronuncia miles de palabras, pero sus gestos también hablan por ella. Esa mímica da cuenta de la personalidad de la mandataria más poderosa de la Argentina.
Es justo allí donde el especialista en comunicación no verbal Sergio Rulicki posó sus ojos para escribir su libro Las caras de la mentira (y de la verdad), de la editorial de Luis Majul, Margen Izquierdo, en especial el capítulo dos, “Manos que hipnotizan”.

Es que además de llevar joyas valuadas en más de 30 mil dólares (en su mano izquierda: un Rolex President que cuesta cerca de 20 mil dólares y un anillo de oro blanco y oro amarillo de 18 quilates, al que llaman solitario con brillante cuyo valor oscila los 10 mil dólares; y en la derecha: uno con zafiro de oro y platino valuado también en 10 mil dólares), las manos de Cristina nos dicen muchas veces más que sus discursos.

Uno de los gestos más recurrentes de CFK son las “batutas”. Como si fuera una directora de orquesta, apela a sus manos como marcadoras del ritmo de la enunciación. “Constituyen un recursos kinésico muy eficiente, dado que tiene efectos sobre la capacidad cognitiva de mantener la fluidez verbal de manera prolongada”, explica Rulicki.


La mandataria también suele levantar su dedo índice extendido a la altura de sus ojos. Así, sostiene el especialista, busca “guiar la mirada del interlocutor para que establezca contacto” con sus propios ojos. “Es utilizado para enganchar la atención de los demás y decir algo que se considera de gran importancia, o como medio para tomar la palabra e interrumpir al otro”, afirma. Además, sirve como equivalente de un signo de exclamación que “reclama, y en general logra, que los destinatarios dirijan la mirada hacia el emisor, cesen de hablar y se avengan a escuchar”.

La Presidenta muchas veces habla del fallecido ex mandatario Néstor Kirchner, al que se refiere como “Él”. Cuando lo menciona, suele apuntar hacia arriba con su dedo índice. “Es un resabio inconsciente de que se fundamenta lo que se dice con la apelación a un poder superior”, fundamenta Rulicki. No obstante, también conlleva “el sentido de la admonición y el reto”, añade.

El gestito de “idea”, que inmortalizó Carlitos Balá, es otro de los favoritos de los políticos en todo el mundo. “Unir la punta de los dedos pulgar e índice cumple la función de ilustrar la idea de ‘exactitud’”, afirma Rulicki. No obstante, también puede ser utilizado para mentir: “Se trata de un gesto que tiene gran capacidad de persuasión, y por eso los políticos lo utilizan a menudo cuando quieren reforzar la idea de que aquello que describen con palabras se corresponde con la realidad, aunque esto no sea necesariamente cierto”, dice. CFK no es la excepción a esta regla.

Tras perder las elecciones primarias, Cristina pronunció un discurso en Tecnópolis en la que ratificó a rajatabla su modelo de Gobierno, criticó a la oposición por ser jugadores “suplentes” de los verdaderos intereses que enfrentan su proyecto. Allí desplegó una mímica que Rulicki asocia a la supervivencia. “Los políticos a menudo revelan sus intenciones agresivas hacia sus rivales o temas de agenda, realizando un gesto en el que la mano toma la forma de una garra”, describe y le otorga un peso preponderante a las uñas, como metáfora de garras, para marcar control y dominancia.

“El canto de la mano puede moverse como si fuese un hacha, una sierra o un elemento punzante. Cuando la mano abierta se coloca en forma perpendicular y se hace movimiento como si se cortara algo de un golpe, se está reforzando la idea de afirmación o negación. Deslizar la mano hacia adelante en esta posición transmite la idea de que se ha tomado la decisión de seguir un determinado rumbo, y que no se está dispuesto a cambiar”, desglosa Rulicki. El discurso postelectoral, al hablar de desendeudamiento, fue un claro ejemplo de que Cristina no tiene intenciones de correrse un centímetro de su modelo.

Sin embargo el gesto más característico de la Presidenta es llevar la palma de la mano hacia adelante casi como una señal de “stop”. Sus imitadores, como Fátima Florez o Martín Bossi, lo han elegido como la marca registrada de CFK a la hora de interpretarla. ¿Qué significa? Así lo explica Rulicki en su libro sobre la mímica de los políticos: “Es un gesto regulador cuyo sentido implica definir y mantener la distancia, marcar un límite. Es utilizado ante un intento de interrupción para enfatizar que se desea continuar hablando, y también para reforzar el intento de tomar la palabra”.


Fuente: http://web.clarin.com/politica/dicen-manos-Cristina-Kirchner_0_987501560.html

martes, 18 de junio de 2013

La Cámpora se infiltra en las Fuerzas Armadas


La Cámpora se infiltra en las Fuerzas Armadas

Restando pocos días para la asunción de Juan Domingo Perón a su tercera y última presidencia, el gobierno de Héctor Cámpora desplegó en 1973 el llamado “Operativo Dorrego”, que puso en las calles bonaerenses a 4 mil efectivos del Ejército y 800 integrantes de organizaciones de superficie de Montoneros, en el marco de tareas conjuntas de reconstrucción barrial.

Las hipótesis esbozadas respecto de los verdaderos objetivos de la actividad en cuestión han sido de lo más variadas. La historia oficial enseña que se trató de un intento de “reconciliar a las Fuerzas Armadas con la Juventud Peronista”, pero interpretaciones más ajustadas a los documentos secretos de la época sostienen que la intención de fondo consistía en inyectar nuevas perspectivas ideológicas en las Fuerzas Armadas. Tal es el caso del escritor Juan Bautista “Tata” Yofre, quien en su libro El Escarmiento cita la confidencial “Biblia Montonera” en la que la organización terrorista se refirió al Operativo Dorrego de la siguiente forma: “Se alternan tareas manuales con las intelectuales, y en los momentos de descanso prolongado se organizan reuniones de grupos mixtos, de civiles y militares, alrededor de los fogones del vivac, produciéndose de esta forma un intercambio de opiniones y una comunicación más fluida que durante las tareas cotidianas, posibilitando y facilitando la captación ideológica”.

Tras asumir Perón la presidencia, el Operativo Dorrego quedó en el olvido y la carrera del coronel Juan Jaime Cesio y del teniente general Jorge Carcagno –hombres del Ejército que impulsaron la actividad junto a dirigentes guerrilleros– se vino en picada. Perón ni siquiera concurrió al cierre del operativo el 25 de octubre de 1973, donde el Ejército hizo desfilar a sus tropas mientras las organizaciones de base de Montoneros también hacían desfilar a sus grupos militarizados: “Brigada Pablo Maestre”, “Brigada de Reconstrucción Eva Perón”, “Brigada Capuano Martínez”, “Brigada Fernando Abal Medina”. Cámpora terminó siendo virtualmente destituido por su propio jefe partidario, y pronto vería morir su carrera política en México, completamente solo y aislado de la Argentina.

A cuatro décadas del Operativo Dorrego, la historia se evidencia circular, redundante, repetitiva. Héctor Cámpora ya no gobierna el país, pero sí lo hacen quienes se dicen sus herederos políticos. La organización Montoneros fue exterminada, pero las llamadas “organizaciones de derechos humanos” recogieron el legado ideológico de aquélla. Las Fuerzas Armadas ya no tienen el poder de antaño, pero sí padecen una crisis moral similar a la que las aquejaba en 1973, cuando el aludido operativo tuvo lugar. Y en el marco de este anacronismo setentista que caracteriza los tiempos que corren, el kirchnerismo vuelve a la carga con el objetivo que jamás pudo cumplir Cámpora: adoctrinar a las Fuerzas Armadas con arreglo a ideas de izquierda.

Así las cosas, los recientes cambios en el gabinete del gobierno reflejan una nueva etapa en la estrategia kirchnerista respecto de las Fuerzas Armadas. Del año 2003 a esta parte, la destrucción moral e ideológica de las fuerzas fue la meta que guió a Néstor y Cristina en el trazado de sus políticas de defensa. El hombre clave de ese período se llamó Horacio Verbitsky, quien puso a la ex montonera Nilda Garré en el gobierno como ministra de Defensa primero, y como ministra de Seguridad después. De esta parte a lo que se viene, en cambio, es la reconstrucción de las fuerzas en virtud de una nueva ideología funcional al kirchnerismo lo que guiará al régimen. El hombre de esta renovada etapa sería el nuevo ministro de Defensa, Agustín Rossi, quien ya anunció que la estructura de las Fuerzas Armadas será utilizada para efectuar “tareas sociales” en pleno año electoral, apoyadas por los militantes de La Cámpora. ¿Un nuevo “Operativo Dorrego” está en marcha?

Lo cierto es que las intromisiones de La Cámpora en sectores vinculados a las Fuerzas Armadas han sido moneda corriente en los últimos días. El desembarco de la agrupación neomontonera en el área de defensa ya está en marcha. El caso más visible es el del dirigente camporista Santiago Rodríguez, que estuvo al frente de Fabricaciones Militares –totalmente cooptada por militantes– junto a su novia Bárbara Grané, y que ahora estará a cargo de la secretaría de Ciencia, Tecnología y Producción para la Defensa. Otros tantos camporistas, al igual que Rodríguez, han asumido puestos administrativos que los ponen en contacto con miembros de las fuerzas, permitiéndoles efectuar ese trabajo en el que se muestran expertos: el adoctrinamiento.

Fuentes que por razones obvias me solicitaron mantenerlas en el anonimato me aseguraron que el personal civil de los Casinos de Oficiales y Suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina con base en la Guarnición Aérea Córdoba son militantes de La Cámpora, que cobran cerca de $5.000 mensuales. Según estas mismas fuentes militares, “el personal civil proveniente de La Cámpora se ha infiltrado totalmente dentro de nuestras Fuerzas Armadas, con conocimiento de la alta oficialidad encargada de los Institutos Militares”. Llamativamente, la preocupación se manifiesta en los cuadros más jóvenes, que advierten los esfuerzos por desvirtuar aquellos valores por los que decidieron incorporarse en las Fuerzas Armadas, tras un largo proceso de previa desmoralización.

La preocupación se fundamenta, en concreto, sobre dos cuestiones: el adoctrinamiento que ya están empezando a sufrir los miembros de las Fuerzas Armadas por un lado, y el contacto con el arte y la técnica militar que están teniendo los militantes de La Cámpora por el otro, de lo cual pueden aprender mucho.
Adoctrinar niños de jardín de infantes y presos en las cárceles ha sido, hasta el momento, una actividad relativamente sencilla para La Cámpora. ¿Pero cómo terminará esta nuevo “Operativo Dorrego” versión siglo XXI?

Fuente:

http://www.laprensapopular.com.ar/10240/la-campora-se-infiltra-en-las-fuerzas-armadas

domingo, 2 de junio de 2013

La Cámpora explica hasta lo inexplicable


De no creer
La Cámpora explica hasta lo inexplicable

¡Qué sacada estaba la señora cuando habló anteayer! Lo mató a Scioli y se llenó de palabras duras, como "idiotas" y "estúpidos", que no le quedan nada bien a esa cara tan linda, tan friendly (como diría ella). Y también en los cambios de gabinete que se anunciaron esa noche se le notó la bronca. Cristina pareció decir: ¿me lo acusan a Puricelli de corrupto e ineficiente? Lo premio con el Ministerio de Seguridad. ¿Rossi prestó extraordinarios servicios como jefe del bloque en Diputados y quería renovar su banca? Lo entierro en Defensa y de paso les tiro un zurdito a los milicos.
Yo no entendía ese enojo, y entonces lo fui a ver al Cuervo Larroque, el gran jefe operativo de La Cámpora, y le pregunté qué corno estaba pasando. Reproduzco aquí el diálogo porque es delicioso y porque sería muy amarrete de mi parte no compartir tan lúcidas lecciones de alta política.

-¿Qué pasó, Cuervo? No entiendo nada?

-Yo mucho tampoco. Ya sabés que la señora no habla estas cosas con nadie. Es una genia, y los genios siempre te sorprenden. Además, en el fondo no cambia nada. En nuestro gobierno los ministros tienen prohibido pensar. Sólo tienen que ejecutar. La única que piensa es ella.

-¿Me parece o estamos en problemas?

-Sí, algunos problemas tenemos. Por ejemplo, Lázaro Báez. Es un karma: todos los días aparece algo nuevo en los medios y ya no sabemos cómo pararlo. Se están metiendo con la plata de los Kirchner y eso no podemos permitirlo.

-¿Qué se puede hacer con los medios? Probamos con el fútbol y Lanata nos ganó por goleada.

-Te equivocás: si no fuera por el fútbol, Lanata hubiese hecho 40 puntos. Aprendé: nosotros no fracasamos nunca.

-¿No pensamos en jugar a nuestra principal espada, Cristina, metiendo una cadena a esa hora?

-Lo pensamos, pero es imposible: Cristina a esa hora se encierra para ver a Lanata.

-¿Y Báez? ¿Qué haremos con él?

-Se nos ocurrió lanzar el programa "Báez para todos". Convertir su chacra en un club municipal. Tiene unas instalaciones espectaculares (¡cuánto las disfrutaba Néstor!), una pileta increíble, flor de asador. Y pensamos en volver al plano original y reabrir la bóveda, usando las cajas donde ponía la guita como lockers para los socios.

-Buenísimo. ¿Qué dijo Lázaro?

-Que ningún problema, que chacras no le faltan. Él es binorma: es capitalista para juntarla y, si lo obligás a repartir, se convierte en nacional y popular.

-¿No fue un poco jugado haber abierto su casa a los periodistas?
-Fue una idea de la señora, y eso no se discute. La macana es que todavía había olor a pintura.

-Eso digo. Además, qué bien vive este buen señor. ¿Conviene mostrar tanta opulencia?

-Así va a vivir cualquier argentino si gobernamos 10 años más. Néstor empezó por su familia y sus amigos, pero con la idea de irradiar la riqueza a todo el país.

-Me consta: ya hay gente viviendo así en el Madero Center. Otro tema: una encuesta dice que nos ven casi tan corruptos como al menemismo. ¿Qué te parece?

-Ofensivo e indignante. El menemismo no nos supera en ningún aspecto.

-¿Qué otro problema te preocupa?

-La inflación: está haciendo estragos.

-Es verdad, porque golpea especialmente a los más pobres.

-¡No! Está haciendo estragos en las encuestas. Algo hay que hacer.

-¿Piensan en correcciones al modelo?

-Jamás. Estamos pensando en corregir las encuestas.

-Clarín dice que los precios ya subieron 20% este año.

-Clarín miente: habla de los que suben, pero no de los que bajan. Igual, para evitar desbordes organizamos las milicias.

-Me encanta: miles y miles de jóvenes recorriendo las góndolas. Chicos que dejan de trabajar y estudiar para ayudar a la gente.

-Bueno, es militancia rentada. Hoy en un supermercado, mañana aplaudiendo en un acto. Son todoterreno, ¿entendés?

-¿Cómo hacen los países para no tener inflación, ni congelamientos, ni milicias?

-Es la gran crisis mundial de la que nos habla Cristina. Son economías muertas. En cambio, mirá Venezuela: un paraíso.

-Es cierto, un paraíso, salvo ese temita del papel higiénico.

-La escasez de papel higiénico es típica de los pueblos muy bien alimentados.

-¿Y los dólares, Cuervo, cuándo nos preocupan: cuando faltan o cuando sobran? Porque por un lado los prohibimos y por otro hacemos el blanqueo para que los traigan.

-Yo en eso sigo a Máximo, mi jefe. El otro día le pregunté por el blanqueo y me contestó que él los dólares los prefiere verdes.

-Cuervo, sin que suene irreverente: para el dólar, cepo; para los precios, milicias; para las denuncias de Lanata, fútbol. Me pregunto si no sería mejor atacar las causas. Digo, para no ir siempre atrás.

Los ojos se le llenaron de odio. Creí que me iba a comer crudo. Después me pareció que su mirada se había vuelto lánguida y triste. Levantó su mano derecha y enseguida tenía a su disposición una guardia pretoriana de militantes todoterreno.

Fuente

http://www.lanacion.com.ar/1587567-la-campora-explica-hasta-lo-inexplicable